Empresa Enferma: Organizaciones Deprimidas

Organizaciones Enfermas: Organizaciones Deprimidas


En una empresa enferma, la pérdida del sentido de la realidad se manifiesta también en lo que puede calificarse como organizaciones deprimidas. En efecto, al no calibrar de forma adecuada las necesidades de los clientes del producto  o servicio, y encerrarse en quimeras utópicas, disminuyen las ventas y se  incrementa la rotación. Las instituciones más espabiladas han aprovechado sus

épocas expansivas para proveerse de un  buen patrimonio, que ahora los directivos aprovechan para tirar para adelante. Una institución deprimida puede incluso realizar en algún momento actos representativos y llamativos. Son luces de bengala, que duran apenas el tiempo necesario antes de que se apaguen los  focos pagados por la propia institución. En ocasiones he oído, en organizaciones con este tipo de patologías, autoproclamarse como las más creativas, las más innovadoras o las que más respetaban a sus recursos humanos. Ante esas afirmación fruto de patologías profundas de los directivos sólo cabe la sonrisa piadosa y el alejamiento.

Empresa enferma

El único modo de mantenerse durante un tiempo, fundamentalmente si estamos hablando de instituciones de venta de servicios, es buscar enemigos externos que justifiquen las propias decisiones de encerramiento dentro de las murallas de la fortaleza, desde las que sacan fruto al patrimonio acumulado. En esto, el tiempo no ha cambiado las estrategias. Cuando en pleno siglo XVI, Iván el Terrible veía amenazado por divisiones internas su reino, lanzaba guerras contra los tártaros o los lituanos o… Igualmente, quienes no consiguen logros con su trabajo, pueden correr el riesgo de buscar excusas ajenas para tratar de ocultar su negligencia. Siempre se encuentra alguien a quien cargar el peso de la personal ineficacia. La descripción realizada -siquiera brevemente- de estas dos patologías –la artrosis y la depresión- no es ficticia. En las instituciones mercantiles los morbos han de ser superados prontamente, porque el riesgo es que de no hacerse así, la propia Compañía desaparezca. Sin embargo, otras instituciones que no están tan presionadas por los resultados pueden permitirse el lujo de durar en esa patética situación. Lo más entretenido de contemplar es que los propios directivos de las instituciones afectadas no son capaces de diagnosticar su patología, lo que les lleva a seguir incrementándola. A veces la miopía es poco culpable, pero en otras es fruto de mala intención.

Por poner un ejemplo: una empresa enferma que mantiene como máximo responsable de una empresa del grupo a un directivo que ‘logra’ dividir la facturación por cinco en tres años, y despide a un tercio del personal, en un momento en que el sector está en plena expansión. La perplejidad de propios y extraños sólo queda en algo aclarada cuando llega a saberse que esa persona es pariente próximo de la secretaria del presidente del grupo empresarial. Que, por si fuera poco, ¡se autoproclama defensor de la ética empresarial!

  • EN BUSCA DE UNA SOLUCIÓN EN UNA EMPRESA ENFERMA

Para poder enfrentarse con posibilidades de éxito a las enfermedades aquí apuntadas, muchas veces es preciso que la organización pase por una catarsis, que deje al descubierto sus múltiples carencias. Hacerlo, exige en ocasiones el cambio de responsables. Es precisamente lo que los directivos anclados en la comodidad más rehuyen. Revitalizar organizaciones -públicas o privadas, mercantiles o no- es una labor en la que llevo ocupado más de una década.

La metodología que he diseñado para el diagnóstico -Gestión de lo imperfectorecibió su empujón inicial precisamente del funcionamiento enfermizo de dos instituciones dedicadas a servicios y que son las inspiradoras de las líneas precedentes. Me sirvieron -y me siguen sirviendo- de musa. Gracias a Dios, la mayor parte de las organizaciones con las que trabajo no padecen esos morbos. Al menos en sus manifestaciones más graves. En cualquier caso, merece la pena reflexionar siquiera brevemente sobre ellos para que no acaezcan en nuestra organización. El riesgo siempre está presente: se ha visto hecho realidad en organizaciones que se prometían como revolucionarias y que en pocos años se han tornado en residuales, tras haber dañado a quienes se sumaron a la iniciativa. Frente a esas situaciones lamentables, vuelvo a repetir, es preciso llenarse de ilusión en promover organizaciones, públicas o privadas, mercantiles o no, que estén sanas y que procuren vacunarse ante las actuaciones fatuas de directivos malintencionados o sencillamente torpes. Afortunadamente, son miles los directivos españoles que -gracias a la formación recibida y a una indudable buena voluntad- están dejando muy alto el pabellón de las habilidades directivas.

 

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Martin Kong

Hola, mi nombre es Martin Kong Sandoval y soy Médico Cirujano egresado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con Maestría en Epidemiologia y Desarrollo Humano. Master Coach con PNL.